Este fin de semana me sentía exótico y fui a cenar a un restaurante egipcio. Mataba así dos pájaros de un tiro y celebraba mi cumpleaños y el fin del régimen de Mubarak.
La Cava del Faraón, está situada en una casona del siglo XVI de la calle Segovia, en el distrito de Latina, y muy cerquita de una de las zonas de tapeo más famosas de Madrid.
Mitad restaurante, mitad salón de té y precedido de una entrada semi-escondida, el restaurante que dirige el libanés François De Funy –el primero en traer los sabores de Oriente Medio a España- junto a su socia egipcia está decorado para recordar el tiempo de los faraones; papiros y esculturas hacen acto de presencia desde que el comensal entra y le acompañan en su descenso al sótano donde se encuentran los comedores.
La iluminación, de tono más bien íntimo, está además acorde con el horario del local, que abre únicamente de noche –de 19:30 a 02:30h-.
Precursora del pan y la cerveza, la gastronomía egipcia hace gala de una especial frugalidad en los platos, en los que no sólo aparecen las esencias del mundo árabe sino también la influencia del Imperio Otomano. Todo ello sin olvidar el peso de los preceptos islámicos sobre la comida y la bebida, por supuesto.
Las bases de esa tradición gastronómica, son las que inspiran la carta de La Cava del Faraón. En mi caso me decanté por un menú degustación que, al precio de 25 euros –sin incluir la bebida y el pan-, ofrece en primer lugar una selección de diez entrantes – primeros de diversa índole, pero que inmediatamente recuerdan ese principio de frugalidad del que hablaba.
Entre esas “entradas del Templo” me gustó el “Hommos”, una crema de garbanzos con salsa de sésamo y limón muy sabrosa acompañada de pan de pita; son recomendables el falafel y las habitas egipcias rehogadas con cilantro y tomate. El “Kusa Baida” – corazón de calabacín cocinado con cebollas- también hace las veces de buen entrante, sobre todo si eres fan como yo de las virtudes de ambas verduras. Menos me gustó la “Baba Ghannug”, una crema de berenjera ahumada en salsa de sésamo de sabor excesivo.
La segunda parte del menú, consistente en un segundo plato a elegir entre catorce, fue para mi el llamado Guiso Osiris: Una mezcla de espinacas, carne de ternera y tomate acompañada de arroz egipcio- frito con fideos- muy rico en su conjunto.
Para el postre, amenizado por una bailarina de danza del vientre –aun me parecen imposibles esas contorsiones y movimientos de cadera- , “Muhalabieya Blanca”, una crema de leche con coco y frutos secos que me resultó un poco insípida, y eso que yo soy muy de coco en todas sus vertientes culinarias. Y también un Baklawa muy jugoso y dulce.
El remate del menú está en un vaso de té verde de buen sabor, aunque escaso de hierbabuena para mi gusto, que es un gusto más bien tangerino.
Como nueva experiencia, La Cava del Faraón resulta satisfactoria y permite además un acercamiento al mundo árabe para el neófito. Eso sí, en mi humilde opinión al menú le vendría bien un poco más de atrevimiento y un precio más ajustado.
Por cierto, que el restaurante dispone también de una sala de conferencias en las que se da información sobre turismo en Egipto el primer martes de cada mes a las 20:30.

Foto: Madrid.salir.com
La Cava del Faraón. Calle Segovia, 8 Madrid.
Tfnos: 91 542 52 54 / 91 542 37 16
Metro: Latina y Tirso de Molina.
Horario: 19:30 – 02:30 / Lunes cerrado.